10.11.10

Se arrojó sobre su cama y comenzó a pensar. Estaba realmente enojada, pero ese era el sentimiento que aplacaba el dolor que sentía. Miró a su alrededor, y se vio rodeada de una soledad escalofriante. Estaba sola; la casa estaba vacía. En un bosteso, sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no desaparecieron, sino que comenzaron a caer sobre sus mejillas, sin cesar. Estaba llorando. Lloraba por la nada; o tal tenía un motivo, pero simplemente no lo encontraba dentro de su cabeza. Lloraba; lloraba y pensaba, hasta que una oscuridad la envolvió.

Despertó. Ya era la mañana y debía levantarse. Miró su rostro reflejado en el espejo: vio una mujer pálida, con el maquillaje corrido y los ojos rojos e hinchados. Eso la deprimió, esa mujer y su aspecto la deprimió. Esa mujer era ella.
Tomó una ducha y se vistió elegante, de manera de sentirse mejor consigo misma. Tenía colores alegres. Bebió su café y a regañadientes salió a trabajar.

Era un día soleado. Cuando viop la luz del sol, sintió cómo una alegría iba tomando su cuerpo, hasta llegar a su alma; hasta llegar a su ánimo. Comprendió que lo que la había hecho llorar la noche anterior era aquel angustioso vacío y la oscuridad de la fría noche. Sintió placer, y miedo.
Se vio feliz de encontrar una razón para su llanto: la soledad que le daba la luna; pero sintió mierdo, pues sabía que debía enfrentarse a esto nuevamente aquella noche, ¿O sería diferente esta vez?

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